GABRIELA MISTRAL

Una mujer llamada Gabriela. (Ramón Acuña)

En el mes de Febrero estuvo en San Antonio con la “La Noche de los Poetas”; en Abril regresa con Orietta Escámez para presentar la obra teatral de su autoría “Una mujer llamada Gabriela” en homenaje al nacimiento de Gabriela Mistral, una estrella que la Creación dejó engarzada entre cerros y viñedos que echan raíz en la roca misma. Gabriela vino al mundo el 7 de Abril de 1889 en un fin de siglo que se despedía con anuncios de liderazgos y de lucha de ideas en paralela con los avances de la ciencia y el crecimiento de la masa humana postergada, explotada y hambrienta de alimento y de justicia. Gabriela, el milagro que tantos chilenos desconocen llega a puerto perfilada en la palabra profunda y reveladora de Humberto Duvauchelle, una de las glorias del Teatro Nacional de Chile.

La presencia femenina de “Una mujer llamada Gabriela” cobra identidad con la actuación de Orietta Escámez, actriz venida a la escena desde Concepción, la cuna de los Duvauchelle, quien muestra una intensa actividad en radio, cine y televisión; protagonista de los filmes “Tres miradas a la calle” y “Regreso al silencio”, de Naum Kramarenco, y “La maleta”, de Raúl Ruiz. Su trabajo en la Compañía de Los Cuatro marca el trayecto de una entrega de pasión y amor por el teatro que perdura y se reconoce con premios y distinciones. Perfil desconocido es su trabajo de montaje teatral en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín y para los Internos de Puente Alto lo que evidencia una gran sensibilidad social. Grata gloria femenina de las tablas que también viene en Abril.

Humberto Duvauchelle, actor ligado al éxito de grandes obras teatrales, creador de la Compañía de Los Cuatro, con Orietta Escámez y Héctor, su hermano, trágicamente fallecido en Venezuela, que ejerce docencia en dos Universidades , a la par con actuaciones como la cumplida en “Borges frente a Borges” en la temporada 2013 – 2014, respecto de la Mistral, manifiesta estar: “ …Convencido que, en general, algunos artistas y creadores nacionales no hemos sabido ser suficientemente justos, ecuánimes y, menos aún, agradecidos con tan ilustre compatriota, una de las voces más altas y, a la vez, profunda de las letras mundiales. Esta afirmación se sostiene en el hecho de que en las últimas décadas sólo un pequeño grupo de actores hemos difundido empecinadamente a varios de nuestros valores más señeros, pero escasamente a Gabriela. Hemos luchado para vencer los prejuicios y aún el desdén de cierto sector de público que rechaza a priori la poesía como extemporánea e inútil, por desconocimiento e indolencia, precisamente en Chile, reconocido mundialmente como “un país de poetas”, que ostenta en América Latina el privilegio único de poseer dos Premios Nobel de Literatura. La contradicción no puede ser más flagrante.”

“Una mujer llamada Gabriela”, Humberto Duvauchelle y Orietta Escámez, estarán el Viernes, 11 de Abril, a las 20 horas, en el Centro Cultural de San Antonio, allá en la colina, espacio de todos conocido.

Y, con entrada liberada.

Un regalo de la cumpleañera.

Digo yo.

GABRIELA, MUSA SOCIAL DE AMÉRICA.

La transición entre el Siglo XIX y el Siglo XX fue pródiga en la emergencia de seres que, andando los años, para bien o para mal, iban a remecer las estructuras de la sociedad de masas puesta en la línea de tiro trazada por la Segunda Revolución Industrial, cada uno con su liderazgo y una página en blanco, rumbo a la Historia.

Observemos a estos bebés.

El 7 de Abril de 1889, en tierra volcánica, llegaba al mundo Lucila Godoy Alcayaga, nuestra Gabriela Mistral.

Ese mismo año se asoma a la vida Adolfo Hitler quien llegaría a ser el máximo jefe del nacional socialismo. Canciller del Reich que instaura su dictadura en Alemania y provoca la Segunda Guerra Mundial con la agresión de Austria, Checoslovaquia y la invasión de Polonia.

En 1891 nace Erwin Rommel, Mariscal alemán, conocido como El Zorro del Desierto, quien se suicida en 1944 acusado por Hitler de formar parte de un complot en su contra.

En 1893 nace el Antipoeta y Mago Vicente Huidobro, Padre del Creacionismo, cuya eternidad reposa en una bella colina de Cartagena.

En ese mismo año, en la aldea de Shao Sha, Provincia de Hunan, China, nace Mao Tse Tung o Mao Se Dong, cofundador del Partido Comunista Chino. Líder de la revolución que en 1949 asume el Gobierno Popular Comunista Chino.

En 1896 nace, en Buenos Aires, Manuel Rojas, poeta y novelista, Premio Nacional de Literatura, en el seno humilde de una familia chilena.

Ese mismo año nace el pintor David Alfaro Siqueiros, uno de los padres de la escuela muralista mejicana.

En Noviembre de 1898 nace Bertolt Brecht, poeta y dramaturgo alemán. Una de sus muchas frases: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay quienes luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero, hay quienes luchan toda la vida, esos son imprescindibles.”

En 1898 nace Chou En Lai, Primer Ministro de la República Popular China.

En 1899 nace don Clotario Blest, líder del movimiento sindical chileno, quien, allá por 1934 ejerció el cargo de Tesorero Comunal de San Antonio, puerto en el cual había una gran actividad sindical.

En 1900 nace Antoine de Saint Exupèry, piloto de guerra y escritor, desaparecido en vuelo en 1944, autor de las obras Vuelo Nocturno, Piloto de Guerra, El Principito.

El 22 de Enero de 1901 nace el Padre Alberto Hurtado Cruchaga, hoy San Alberto Hurtado. Eran los últimos años del Pontificado del Papa León XIII, fallecido en 1903, autor de la Encíclica Rerum Novarum (De las cosas nuevas), proclamada el 10 Mayo de 1891, en la que denuncia la explotación de los trabajadores, materia que también apasionó a Gabriela y, en especial, al joven Alberto Hurtado.

No diremos aquí hoy nada que nadie no sepa; no estamos inventando a Gabriela, sólo que la intención es hilar voces dispersas que “están en el aire y son de todos.” Para desempañar cristal valioso de su identidad.

“Gabriela – Labriega”, como la llamara Oscar Castro :

“Hasta en tu nombre agrario / Ay, Gabriela – Labriega / llevas en firme cuño / la pasión de la gleba.”

Sólo un poeta o un niño, que viene a ser lo mismo, podía jugar así con su nombre y dar con su justa identidad : Gabriela Labriega Universal.

Cuando hay quienes profanando la intimidad de la muerta, buscan supuestos extravíos en su almohada y en su piel, nosotros queremos transitar su estirpe de luchadora social y defensora de los Derechos de la Mujer. Porque , a veces, lo sabido por sabido se olvida y lo que no se sabe no se pregunta, y sabido es que nuestro Chile es país de mala memoria. Bueno será, entonces, buscar en los espejos del espíritu a toda esa hermosa mujer.

Un año tras otro nace en Abril y no echamos al vuelo las campanas.

¡Qué Gran Señora Indoamericana tenemos! ¡Cuánta sensibilidad enamorada!

“Si tú me miras / yo me vuelvo hermosa / como la hierba a que bajó el rocío / y desconocerán mi faz gloriosa / las altas cañas cuando baje al río. “

“El pasó con otra / y estos ojos míseros / lo vieron pasar. / Siempre dulce el viento, / y el camino en paz. / ¡Y estos ojos míseros, / le vieron pasar!”

Hoy recordamos a la niña de Monte Grande y su rebeldía temprana.

A la mujer de firmes convicciones morales y sociales, poseedora de un amor sin límite por los desheredados, los niños, el campesino y los indígenas.

A la sembradora de espíritu y sensibilidades que perduran.

A su verso diáfano y sencillo como un vilano.

El verso de quien don Ángel Custodio González ha dicho:”Su poesía es una vertiente de la Biblia que conoció de los labios de su abuela de más de setenta años, edad muy avanzada para la época. A los diez años transitaba el Gran Libro, memorizaba los salmos del Gran Padre David recibiendo a cambio “ese gran chorro de poesía” que guardaría para siempre junto con el amor reverencial, la adoración ciega por lo divino.”

¿Quién es esta mujer de la que tanto se ha dicho; acogida y reconocida en tierra extranjera y desconocida y marginada, social e intelectualmente, en su patria, por un tiempo largo y prolongado?

Las enciclopedias ubican su nombre a renglón seguido de Federico Mistral, “poeta provenzal, hijo de labradores acomodados, apóstol del bien en la más alta acepción de la palabra” y de quien tomaría Lucila Godoy Alcayaga parte de su seudónimo. Mistral es el viento frío, seco y tempestuoso, que sopla desde el Norte en el Sur Este de Francia. Es la mujer cuya palabra fuerte y demoledora fue mucho más allá de los Sonetos de la Muerte o la denuncia de los piececitos desnudos de niños transidos por el frío de Punta Arenas, con un discurso abierto, frontal y sin eufemismos, por cierto no aceptado y mal visto en una mujer de su tiempo con el que ella, sin quererlo y, probablemente, sin saberlo, inscribía su nombre y su mensaje en la avanzada de las mujeres que en 1910, en el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, proclamaba en Copenhague, el día 8 de Marzo como jornada de lucha para las trabajadoras de todo el mundo que no querían otra cosa que mejores condiciones de vida para las mujeres inmigrantes, la abolición del trabajo de los niños y el derecho del voto femenino.

Cuando esto sucedía, allá, muy lejos, entonces más lejos que ahora, ella, en Chile, ese pequeño y remoto país, apostaba a la instrucción de la mujer como base para su dignificación; Lucila, “esa mujer” que algunos rechazaban por sus ideas “socializantes” y otros por el “panteísmo” que saturaba de divinidad sus poemas. O sea, la creadora caminando el fuego cruzado de la enconada confrontación que había en el país entre la religión y el laicismo.

Antes de la llegada de Gabriela se perfilaba en Lucila la genialidad de sus hermosos y solidarios diecisiete años, en una ferviente, anticipada y temprana defensa de los Derechos de la Mujer , abogando por su acceso a la instrucción y a las ciencias en las páginas de la Voz de Elqui, periódico radical de Vicuña, allá por Marzo de 1906, en los inicios de un siglo que haría asombrarse al hombre de su capacidad para crear y destruir. Era el tiempo primero del verso que llegaría a ser coronado en presencia de reyes. El tiempo de tanta juventud marchando a la inmolación en los campos de batalla. El tiempo de los pensadores que ardieron en la luz de todos los humanismos y el tiempo de la barbarie que había de aflorar en las broncas voces de todas las dictaduras. El airoso tiempo de vivir y el impredecible tiempo de morir, por peste o por metralla. Y ella, reflejada en las pupilas de ese tiempo no podía permanecer ajena al testimonio de un niño descalzo o el de una mujer postergada y envilecida. Con palabras exigentes de eco y réplica, con redacción clara y combativa, decía:

“¿Qué religión más digna que la que tiene el sabio? ¿Qué Dios más inmenso que aquel ante el cual se postra el astrónomo después de haber escudriñado los abismos de la altura? Yo pondría al alcance de la juventud toda la lectura de esos grandes soles de la ciencia, para que se abismara en el estudio de esa Naturaleza de cuyo creador debe formarse una idea. Yo le mostraría el cielo del astrónomo, no el del teólogo, le haría conocer ese espacio poblado de mundos, no poblado de centellas, le mostraría todos los secretos de esas alturas. Y después que supiera lo que es la tierra en el espacio, que formara su religión de lo que le dictara su inteligencia, su razón y su alma. Por qué asegurar que la mujer no necesita sino una instrucción elemental.?”

Entre 1925 y 1935, adelantándose a la historia emitía conceptos que encendían la mecha de la ira de la poderosa aristocracia rural de entonces, cuando sostenía que:

“Toda cultura empieza por la tierra. Entre nosotros la cultura ha querido empezar por el bachillerato.”

“Nuestra barbarie rural es enorme. El obrerismo ha sido escuchado, ahora hay que mirar hacia el campo y recoger su vergüenza en los ojos.”

“Illapel y Combarbalá son latifundio puro.”

“La sequía ha encontrado a los campesinos sin cooperativas y sin ahorros lo que no se ahorra con un salario inicuo.”

“La falta de organización campesina es otro tipo de barbarie.”

“Una hectárea por cabeza de familia resolvería el problema del campesino de Elqui si el horrible y deshonesto latifundismo no estuviera devorándonos y hambreándonos, allí, como a lo largo del país entero.”

¿Visión temprana de Reforma Agraria? ¿Sensibilidad de poeta comprometida con el dolor de su pueblo?

Detengámonos un instante en el “Recado” publicado en 1940, en el fragor de la Segunda Guerra Mundial, como prólogo del libro “Política y Espíritu” de don Eduardo Frei Montalva, donde emerge toda una declaración de principios y valores libertarios de una mujer comprometida con su tiempo y con su gente y en permanente vigilia ante la injusticia

Cuando aboga por la redención del pueblo, “al cual sólo se aplican las raspaduras de la marmita fiscal” y “del pobrerío que camina desnudo y descalzo por las calles de Chile”, nos muestra una verdad que va de la denuncia a la rebeldía.

Cuando devela la existencia en su país no ya de tres clases sociales sino de cuatro o cinco : la de los ricos, la mitad de la clase media santiaguina y la otra, partida en dos por la burguesía y la pobre, a la que ella suma “la infeliz masa campesina” de entonces, hoy si no aniquilada, desorganizada y en vías de extinción, para la que reclama que “ Cuanto tengamos en recursos fiscales debe aplicarse con una prisa quemante a la de esa que en Chile no tiene suelo, muro, mesa ni lecho, que no posee sino luz y aire, el pueblo rural.”

Cuando dice lo que dice estando aún caliente la sangre derramada por el asesinato de Federico García Lorca, el Príncipe de las Letras Españolas, perpetrado entre el 19 y 20 de Agosto de 1936 por decir lo que dijo al referirse a la de Granada como la peor burguesía de España.

Atalaya abierta al mundo, al filo de la vorágine de la Segunda Guerra Mundial, emplaza a los locos que, encandilados por el avance de las tropas invasoras, pretenden implantar en su patria el fascismo y el nacional socialismo, en un pueblo que no tiene la consistencia milenaria de los pueblos italiano y germánico, cuyos valores culturales separa del discurso delirante de los dictadores que, en ese tramo de la historia, rigen su presente y su destino.

Y cuando camina con el líder los senderos de esa vida interna, de la que los que llegan se apartan a carcajadas. Esa paz de conciencia de la que afirma “es una buena fragua de donde salen, además, las piezas hechas y derechas de la acción”. “Algo que no circula como moneda corriente en la Bolsa de Valores de la vida chilena.” “La vida interna constituye para el hombre espiritual algo tan concreto como una siembra de lentejas y tan rotunda como los cerros chilenos.”

Certera cuando dice que nos faltó raíz medieval y que renegamos nuestra edad primitiva, la india, que no registramos acontecimientos profundos para aquilatar la democracia que nos llegó “importada como los carros Ford o el jabón Palmolive.”

Su palabra es un bisturí de incisión profunda que llama a la reflexión; a esa raza chilena que tanto ama, pero, cuya lejanía no perdona.

Un día dirá: “ Me lanzaron y como tengo un fondo de vagabundaje paterno no he parado más.”

Y, en la intimidad con amigos muy fraternos se define como “descastada y patiloca.”

“Fui feliz en el Valle de Elqui y después ya no lo fui más.”

“Me vienen recuerdos de río lento.”

“Los ausentes somos unos muertos sin sepultura.”

“En mi patria no me quieren.”

“Chile es donde menos me conocen.”

Jamás pudo borrar episodios que oscurecieron sus años de búsqueda a las muchas preguntas que su conciencia solidaria ponía en su boca de niña nacida en tierra volcánica.

Si compartimos su trayecto altivo y azaroso veremos que, en respuesta a la sublime rebeldía de su verso y la franqueza del liderazgo social que develan sus escritos, “se le creó un cerco de mezquindades y de envidias que iban desde anónimos injuriosos, chismes y calumnias en su contra o sugerencias insidiosas para que cediera su cargo consular honorario a otros escritores.”

Y válganos reiterar que cuando el Siglo XX agotaba sus calendarios, se despertó en esta su tierra un morboso afán de hurgar en su vida íntima, en sus noches y en su lecho.

En este aire enrarecido e intolerante incubaban sus enemigos una segregadora actitud que le había impedido por años acceder al título de educadora por el cual luchó altiva y tenaz. Porque enemigos tenía. Pero, a críticos como don Raúl Silva Castro que la combatía con saña, a la envidia y el ataque falaz de pequeños detractores, opuso la presencia solidaria de amigos de clara inteligencia y fama, entre ellos:

Jacques Maritain, filósofo humanista cristiano que la asistió en su agonía.

José Vasconcelos, diplomático que le abre las puertas de México y el acceso a páginas de un tiempo hermoso de su vida.

Pedro Aguirre Cerda, Ministro de Educación del Presidente Juan Luis Sanfuentes y ex colega suyo en el Liceo de Los Andes que, en 1918, la nombra Directora del Liceo de Magallanes en su capital Punta Arenas, donde escribe su célebre poema “Piececitos de Niño” y señala la necesidad de las vacaciones de invierno para los niños del fin del mundo.

Luis Emilio Recabarren, luchador social y revolucionario, que abogó por ella en el Parlamento para que le fueran asignados los medios económicos que le permitieran salir al extranjero tras nuevos horizontes para su carrera literaria.

Mariano Picón Salas, profesor y ensayista venezolano, que dijo de ella:”Le ha dado al trabajo humano, a la mujer labriega o la mujer maestra, aquellas cuyas manos se agrietaron y cuya frente se arrugó en la fatiga y fidelidad a su tarea, una dignidad y un ennoblecimiento que es como el signo moral de su poesía. Gabriela es indo americana como una roca de Los Andes o de un palmar del Caribe; le sopla siempre este viento de inquietud social, de ansia de crecer y sobrevivir, que es el clamor de nuestros dispersos pueblos de la América Española. Su poesía es, entonces, no sólo canción sino conciencia racial. Lleva siempre consigo una preocupada maternidad de pueblos.”

Don Carlos Errázuriz, diplomático, suegro de don Radomiro Tomic, quien le dio acogida y hospitalidad familiar en días muy difíciles de su vida y uno de los artífices que la encaminaron hacia el Premio Nobel.

Oswaldo Guayasamín, famoso pintor ecuatoriano cuyos cuadros expresan los problemas de los indígenas y que admiraba la identidad indoamericana de la poeta chilena. Artista de trinchera que la inmortalizó en una pintura que se encuentra en el Centro Cultural Benjamín Carrión en la ciudad de Quito.

Hernán Díaz Arrieta, ALONE, crítico y Premio Nacional de Literatura en 1959, amigo de nutrida correspondencia, quien, después de uno de sus encuentros, dice de ella: “Su presencia sorprendía desde el primer momento por una casi misteriosa dignidad. Gabriela imponía no se sabe que aire de viajera disfrazada que baja invisible los ojos y no revela, pero, está dejando adivinar su secreto.”

Laura Rodig, inspirada escultora, pintora, decoradora, testigo y testimonio de su peregrinaje. Dice de ella:”Los Andes hizo madurar el estilo poético de Gabriela Mistral. Ella nació en Vicuña, pero, mi pueblo, Los Andes, la comparte. El inmenso anfiteatro de sus montañas era como una justa decoración a su estampa.”

Y, leales y ardientes defensores de la talla de la escritora Matilde Ladrón de Guevara, quien confiesa: “Admiré a Gabriela por su inteligencia y espíritu revolucionario; amé a Gabriela más tarde por su alegría y por esa cosa festiva que recreaba la soledad; la defendí por su valentía y me maravilló por su temperamento indómito, franco, progresista y sensible. Pensé desde su pensamiento.”

Doris Dana, fiel secretaria, sensibilidad tutelar de su salud resentida y celosa guardiana de su inédita herencia literaria.

Y, también, poetas que cantaron a esa mujer con hechuras de reina.

Oscar Castro, el gran vate de Rancagua, da su apoyo a la hermana poeta acosada por causa de las verdades que salen de su boca en su poema “Gabriela” (Ver texto adjunto).

Y, desde luego y por siempre, los humildes del mundo que viven y giran en sus rondas infantiles arrebujados en la ternura de una gran señora universal.

Ninguno de sus libros, con excepción de LAGAR (Diciembre de 1954) se ha editado originalmente en Chile. DESOLACIÓN lo fue en Nueva York en 1922; TERNURA en Madrid en 1924; TALA, Buenos Aires en 1938 y POEMA DE CHILE, su obra póstuma, en Barcelona en 1967.

Llegamos a Gabriela por la sensibilidad de su verso de madre de los niños de la tierra y hasta allí suele arribar el tren de nuestra flojera mental, dejando en la semi-penumbra de la historia, lejos del alcance de los jóvenes que construirán el futuro de este país, su pensamiento y acción de luchadora social y de su permanente preocupación por la libertad y la democracia; olvido, ripio grueso, que el poeta don Jaime Quezada ha venido fustigando desde las altas tribunas de los medios de comunicación que dan espacio a su reclamo investido de fuerza y de voz mistraliana.

Cuando el 12 de Diciembre de 1914, en los Juegos Florales convocados por los Escritores y Artistas de Santiago, se otorga la más alta distinción a los Sonetos de la Muerte , no pudo recibir el premio personalmente por carecer de la vestimenta apropiada para tan magna circunstancia y es otro de sus incondicionales amigos, el gran poeta Víctor Domingo Silva, quien leyó los versos que darían inicio a su ascenso hacia insospechadas alturas literarias.

Cuando, treinta y un años después, el 15 de Noviembre de 1945 se le concede el Premio Nobel de Literatura el que recibe el 12 de Diciembre de manos del Rey Gustavo V de Suecia, vestía un traje de seda, negro, largo; el cabello plateado lo lucía ennoblecido y aureolado de solemnidad; sus claros ojos brillaban de emoción y su sonrisa tan suya era el fiel reflejo de la modestia del verdadero genio. Su alta silueta y su andar tímido impresionaron profundamente al nórdico soberano que le entregó una medalla de áureo metal y una cantidad millonaria de coronas, en aquellos días, unidad monetaria de ese gran país. Fue la primera vez que en la historia de Latinoamérica una mujer recibió el Premio Nobel de Literatura y también la primera vez en que la docta Academia Sueca honró con ese galardón a un escritor de este continente.

Convertida en un personaje mundial radicó su Consulado en Rapallo, Italia, localidad marina cercana a Génova, aceptando retornar a Chile seis años después donde, con rubor o sin el, le fue concedido el Premio Nacional de Literatura. Una postergación de la que nadie se ha disculpado.

¿Cómo era Gabriela Mistral, “esa mujer con nombre de ángel y apellido de viento?”

En 1922, Pedro Prado, escritor, Premio Nacional de Literatura en 1949, y diplomático chileno, autor, entre otras, de la novela “Alsino”, habló de ella al pueblo mexicano en estos términos:

“Llegará, recogido el cabello, lento el paso, el andar meciéndose en un dulce y grave ritmo. La reconoceréis por la nobleza que despierta. De todo su ser fluye una grata unción.”

Según don Radomiro Tomic, su compadre y amigo muy cercano en un extenso tramo de su trayectoria:

“Siempre imponente de talla y compostura, con su hermosa cabeza erguida y bien cuidada. La mirada clara como una lámpara y, a veces, centelleante, sobre todo cuando reía. Pero, en general, vagamente ausente, como separada del flujo de sus palabras. Un rictus de amargura o de cansancio en la comisura de sus labios. Podía hablar durante horas, muchas horas y sostener a su pequeño grupo de auditores en una atención fascinada, porque todo en ella era fascinante.”

Mis profesores de primaria enmarcaron el brillo de su imagen en el corazón de los chiquillos que, en mi tiempo, nos atrevíamos a recitar la ternura de sus versos. Chile y los chilenos debiéramos restañar las heridas del olvido con una gran cruzada que proclame su nombre y su mensaje.

Para que su poesía, hilada con velloncitos de ternura, sea leída en alta voz en escuelas y templos, en organizaciones sociales y sindicatos, en cada plaza, cada esquina y en los cuatro puntos cardinales de un pueblo necesitado de palabras buenas, en días de lenguaje, entre nos, tan maltratado. Para no dejarla ir desconocida al anaquel inerte de la satisfecha indiferencia de quienes quieran creer que la máxima altura alcanzada por su inspiración profunda fue el Premio Nobel de Literatura, recibido en tierra extranjera, y no su ingreso a lo más profundo del corazón de sus connacionales.

Falleció en Nueva York el 10 de Enero de 1957.

Su paso hacia la eternidad conmocionó al país lejano.

El gigante social salió a las calles para acompañar el trayecto final de un peregrinaje de senda pedregosa, transitada con esfuerzo y valentía, con una gran capacidad de asombro, un inmenso amor por los desposeídos; con el genio y el don recibido en el soplo que el Creador puso en su mente y en su corazón.

Nada diremos del funeral.

Porque no mueren los poetas.

Ramón Acuña Carrasco.

Abril.2012

 

GABRIELA, UNA DESCONOCIDA. (Ramón Acuña Carrasco).

La Enciclopedia de la Lengua Castellana, Editorial Sopena Argentina, ubica su nombre a continuación de Federico Mistral, "poeta provenzal hijo de labradores acomodados, apóstol del bien en la más amplia acepción de la palabra" y de quien tomaría Lucila Godoy Alcayaga parte de su seudónimo.

Gabriela Mistral ¿una desconocida? ¿Un Premio Nobel de Literatura? ¿La autora de los Sonetos de la Muerte? ¡No exageremos!...Amigo, el 7 de Abril de 1989 se cumplieron los cien años de su nacimiento y dieciséis más estamos agregando a la centena. Y no me dirá usted que Chile ha estado celebrando de una manera especial la llegada al mundo de una de las glorias de la literatura nacional. En esta orilla en la que usted y yo vivimos: ¿Dónde está el monumento que la recuerda? ¿Dónde el murmullo del homenaje público y multitudinario? ¿Dónde la academia que enseña a los niños "su riqueza verbal", para ir en defensa del lenguaje en estos días tan maltratado?

La joven escritora que en el año 1908 hacía una ferviente defensa de los Derechos de la Mujer en las páginas provincianas de La Voz de Elqui guardó en lo más entrañable de si un profundo amor por la infancia desvalida de su patria y por un digno rol de la mujer en la lucha por un mundo mejor. En respuesta a la sublime rebeldía de su verso y la franqueza del liderazgo social que perfilaba en sus escritos, aquí, en su tierra "se le creó un cerco de mezquindades y de envidias que iban desde anónimos injuriosos, chismes y calumnias en su contra o sugerencias insidiosas para que cediera su cargo consular honorario a otros escritores" Y podemos agregar que cuando el Siglo XX se despedía se despertó en ésta su tierra un morboso afán de hurgar en su vida íntima, en sus noches y en su lecho.

Su obra fue premiada en el extranjero antes que en Chile. ¿Cómo la recuerda don Radomiro Tomic?: "Siempre imponente de talla y compostura con su hermosa cabeza erguida y bien cuidada, la mirada clara como una lámpara, y a veces centelleante, sobre todo cuando reía; pero, en general, vagamente ausente, como separada del flujo de sus palabras. Un rictus de amargura o de cansancio en la comisura de sus labios. Podía hablar durante horas, muchas horas, y sostener a su pequeño grupo de auditores en una atención fascinante, porque todo en ella era fascinante..."

Mis profesores de primaria enmarcaron el brillo de su imagen en el corazón de los chiquillos que, en mi tiempo, nos atrevíamos a recitar la ternura de sus versos.

Se anuncia este año 2005 como El Año de Miguel de Cervantes y Saavedra, de Gabriela Mistral y de otros creadores.

¿Qué haremos aquí?