Subjetividad social y discurso
Escribe: Jorge Valdebenito A.

A partir de la década de los noventas comienza a emerger un nuevo escenario y que dice relación con el desarrollo productivo, económico y social y su estrecha relación con las personas. Hoy podemos afirmar que son las personas el destino final del desarrollo y por lo tanto, no cualquier desarrollo, eficiencia, rentabilidad debe ser necesariamente defendida o asumidas. Pues bien, la presente afirmación se encuentra cruzada por nuevas propuestas relaciónadas con los nuevos vínculos sociales, las más diversas formas de interactuar de los sujetos, el nuevo orden del discurso, y el actual proceso de globalización. Sin embargo, todo ello nos indica que debe existir un claro reconocimiento que es “el hombre el centro y motor del desarrollo”, por lo tanto, supone reconocer los nuevos escenarios y enfrentar por consecuencia los nuevos desafíos que se nos presentan.

En este sentido la subjetividad se presenta como una trama de percepciones, aspiraciones, saberes y sentimientos, entre otras, que nos impulsan y nos da una orientación para interactuar, en consecuencia la subjetividad social, estaría dada por el conjunto de individuos inserto en el colectivo, lo que nos permite compartir el tramado y percibirse como un “nosotros” y actuar colectivamente, por otra parte, se debe acotar que la subjetividad es parte de la cultura, pero es aquella parte que es inseparable de las personas concretas

Lo anteriormente señalado, tiene directa vinculación con la creciente fragmentación que existe entre gran parte de la comunidad local la cual se dio su propia organización, encontrándose fuertemente cohesionada por un discurso transversal y fortalecido justamente por la normativa vigente, que tiene al hombre como su centro, además, se debe establecer que esta nueva corriente que actualmente funciona en nuestra comuna, atraviesa los partidos políticos y credos religiosos, interactúa en forma solidaria entre los vecinos y rechaza abiertamente un orden que se alejó de los ciudadanos y su calidad de vida, el cual representa un discurso ambiguo, carente del sentido de pertenencia y de proyección comunitaria.

Esta nueva forma de socialización ha generado nuevos representantes sociales, con un compromiso a prueba de todo ácido, lo que ha permitido una profunda reflexión, de que es lo que queremos como comuna y como deseamos vivirlo. Bajo esta perspectiva un conjunto de organizaciones sociales consideró necesario darse una nueva forma de interacción como también la de representación, en la cual ya no se reconoce la antigua forma de dirigencia, hoy se trata de vocerías capaces de coordinar y convocar, utilizando para ello nuevos símbolos, códigos y medios de comunicación masiva, funcionando en forma expansiva y creando real conciencia para enfrentar unidos los nuevos conflictos, lo anteriormente señalado involucra necesariamente la consecuencia de vivir de acuerdo al discurso que se mantiene, quienes no respetan dichos códigos solos se alejan al enfrentar esa bifurcación, por consecuencia el “nosotros, los vecinos” adquiere una fuerza capaz de movilización y abierto rechazo al aparente orden establecido, el cual y debido a la falta de creatividad y real compromiso social, se desdibujó.

Lo anteriormente señalado, dice relación por una parte, con la excesiva individualización o el vivir atomizado, o mas bien incrustado en una idea de desarrollo alejada del hombre y su bienestar, como muestra un botonazo, tenemos un discurso de la autoridad local, que privilegia en su discurso la acumulación de 40.000 toneladas de ácido sulfúrico en un lugar donde la actual normativa específicamente el Plan Regulador intercomunal no lo permite, dicho instrumento establece la zona ZEU7 para la instalación de ese tipo de procesos, es por ello, conveniente reconocer los usos de suelos que dicho instrumento de planificación nos entrega.

Es importante señalar lo que plantea un viejo y conocido teorema referido a “lo que las personas definen como real, es real en sus consecuencias” ello puede apreciarse en una paradoja que nuestro país vive hoy, y que dice relación con la actual modernización, donde por una parte, se experimenta un crecimiento, desarrollo económico y aumento de oportunidades materiales y sin embargo, desarrolla un extendido malestar frente a los diversos procesos productivos, al punto de restarle legitimidad y confianza a sus instituciones. Un desarrollo que no promueve y fortalece confianzas, es un desarrollo incapaz de reconocer el sentimiento colectivo, es casi imposible que la sociedad lo logre sustentar, por lo tanto, lo que realmente se está realizando por parte de la autoridad local, es profundizar un agrietamiento en él colectivo social al reproducir el discurso de un desarrollo a cualquier costo, el no querer considerar lo anterior, nos llevará a vivir experiencias como las de Aysén y últimamente en la comuna de Freirina, por el tema de los cerdos.

Jorge Valdebenito A
Sociólogo
Asesor Ambiental

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