Ha llegado carta de

 

EL ARTE HACE LOS VERSOS, PERO SÓLO EL CORAZÓN ES POETA.

Y ese corazón, en que el poeta había permanecido dormido, despertó acá, en esta bella y cálida ciudad de Casablanca, bajo las sombras incentivadoras de vuestro gran poeta Alejandro Galaz y el eximio maestro de la pintura, Arturo Gordon, que inspiraron a Ramón Acuña al desborde creativo de sus primeros poemas, cantos llenos de dulzura, emotividad, cariño hacia el paisaje, mostrándonos el romance de la encina y el magnolio, sus personajes típicos y las vivencias del autor como agente del Banco del Estado de Chile de esta ciudad.

Gracias al influjo de estos dos grandes artistas, este poeta, nos descubre que la poesía es la pintura que se mueve y la música que piensa.

No podía ser de otra manera, porque mirando con los ojos de hoy, vemos que el pasado no puede sobrevivir en su presencia. Solo puede sobrevivir en su ausencia, al ser cada poema algo que no se ve, sino la luz que nos permite ver…y lo que solemos ver es la VIDA.

Ramón nos lleva en su vuelo desde esta ciudad, cruzando cielo, mar y tierra hacia la desembocadura del río Maipo, paraje lleno de verde y azul de sus aguas, terrenos llenos de historia y desencuentros, impotencia y atropellos, no en vano, Eduardo Galeano ha dicho: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

“Poemas del Valle de Casablanca al Verdiazul de los ríos”, es un bello canto de nostalgias y de cariño, al poseer los recuerdos más poesía que las esperanzas.

Hoy vivimos en un tiempo en que el gran instrumento de la democracia no es el libro sino la tecnología de punta y sus redes, lo virtual, la televisión, el computador y la telefonía móvil con sus aparatos inteligentes que ha roto la comunicación en el círculo familiar y social de la mayoría de las personas, y en este “reino del narcisismo lúdico”, los libros han pasado a ser del todo prescindibles, lo que, por lo demás, no implican que vayan a, desaparecer mientras los escritores con nuestras obras estemos dispuestos a defender este derecho democrático.

Y la democracia ha sido, es y seguirá siendo una de las luchas de Ramón Acuña, como defensor de los Derechos Humanos, la cultura y el desarrollo de nuestra provincia.

Como persona…todo un personaje, carismático, consecuente, un gentleman, idealista, soñador y un excelente amigo.

En cada obra suya, periodística o literaria, late con mayor o menor grado toda la poesía que encierra su inspiración, porque la poesía, como lo afirmara el poeta español Vicente Aleixandre “tiene que ser humana. Si no es humana, no es poesía”.

Los poemas de Ramón en momentos se vuelven láricos al pintarnos la belleza de este lugar y la nobleza de su gente.

Giovanni Papini afirmaba “El poeta que estuviera satisfecho del mundo en que vive, no sería poeta”, y eso lo vemos reflejado en la vida y obra de Acuña, en forma especial en su obra anterior “Saetas, Poemas del Tiempo Autoritario”, en que apreciamos en el fondo de su obra que, al escribirla, fue un trabajo arduo, lleno de temor y denuncia, hasta lograr convertir en perlas las lágrimas. En este autor, cada poema es el sentimiento que le sobra al corazón y se escurre por su pluma.

Esta poesía que hoy les presentamos no tiene tiempo, ustedes, al leerla la rescatarán, la harán presente y luego la regresarán a su eternidad, porque para el poeta la tarea más importante es romper el nudo en nosotros de esa materia que quiere soñar y Ramón Acuña, a diferencia de otros escritores que van hacia la verdad por los caminos de la poesía, ha llegado a la poesía por los caminos de la verdad.

Amigos, sólo les puedo decir para terminar que:

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO.

 


Lanzamiento

Libro de Poemas:

Poemas del Valle de Casablanca al Verdiazul de los Ríos.

De Ramón Acuña.

Imbuidos de la sagrada misión de aclarar las cosas desde el principio, apelando a la claridad aunque parezca redundancia es que nos hemos inclinado a invitarles a seguir las palabras del autor grabadas en la presentación de su libro “Cuando callaron las personas hablaron álamos, campanarios, colinas, nieblas y quebradas…” Un ineludible compromiso con la verdad nos insta a valorizar el ánimo declarado del poeta cuyas palabras se refieren a un tiempo de oscuridad, de interdicción que significó hondas angustias i dolores, aunque pese al agobio también sueños i esperanzas de aquellas que dejaron de hablar, de los sin voz de un Chile hostil sumido en la ignominiosa noche de la dictadura. Allí estaba el poeta en la encrucijada de la Historia no “rindiendo el espíritu” i dando “paso a la palabra”. Allí estaba el poeta dialogando viril, valientemente con su tiempo atroz, i como dijo el apóstol moderno de la paz don Andrés Aylwin “con más fuerza que nunca”. Allí estuvo el poeta avizorando el mañana, porfiándole a la cultura de la muerte, anunciando el fin del odio i de la diáspora.

Es que esta es la labor del canto, el oficio del poeta es el que está llamado a darle lectura esencial al día a día, a la vida, a interpretar los signos que asoman a cada momento como esquinas, como cerraduras, como cajas de sorpresas. Y es este oficio de poeta lo cual en sí es un acto de resistencia, un estilo riesgoso de enfilar la barca en contra la corriente del río, ha ejercido como un negocio loco que no es rentable ni razonable sin transar nuestro compañero poeta Ramón Acuña Carrasco, voz imprescindible en la vida social i cultural de San Antonio i de la región.

Hemos atravesado una porción importante de nuestra provincia para venir al Valle de Casablanca acompañando al hermano en la oferta suya fiel y generosa a estas calles, portales y lagares, retribuyendo con el amoroso regalo de la poesía ricos e inolvidables momentos aquí vividos en permanente tertulia con la labor diaria del trabajo, con la encina y el magnolio, con Cueto “el huaso de tomo y lomo”, con Carmencita i Baldomero, i con el espíritu resplandeciente de Alejandro Galaz Jiménez haciendo girar juntos el trompo de siete colores de la fantasía i la belleza.

Decíamos en el prólogo del libro que nos presenta su autor, recordando la certera definición de Jorge Teillier señalando que “la poesía es lo que hace al poeta”, es decir entendiendo ello como su obra. Sí, la obra del poeta, lo reunido en sus largas jornadas reflexivas, vigilantes insensibles. El poeta es como el carbonero al que mencionaba Machado en sus proverbios i cantares, el que prefiere “lo vivo a lo pintado” porque es un “hombre que piensa, canta o sueña”.

Tras noticias reales que nos permitan retener una mayor i concreta información sobre el poeta cuya poesía nos convoca encontramos unas frescas i determinantes entre las páginas del libro “Poemas del Valle de Casablanca al Verdiazul de los Ríos” donde, por ejemplo, nos dice el poeta José Miguel Ruiz en referencia a la obra de Ramón Acuña “Sus versos me recuerdan a García Lorca, del Romancero Gitano, en ocasiones pero siempre tienen el sello de la sinceridad suya, del cantor de los lugares conocidos y amados, y de quien vivió unos tiempos de pesadillas que hoy muchos pretenden minimizar”.

A la luz de datos que dan cuenta de rasgos fundamentales en la vida y pasión de Ramón Acuña Carrasco podemos afirmar sin ambages que es inevitable asociar su quehacer con la comunidad y el destino de esta. En este notable ser el oficio de poeta y de hombre se funden en una dimensión extraordinaria que nos señala al ciudadano que habla, piensa, construye, imagina, discute, proyecta, trabaja, pone los puntos sobre las íes i actúa, atropella en un sentido creativo i dinámico de acción cívica. Es la dimensión vital en que se funden ciudadano, poeta i hombre comprometido de pleno, palabras, ideas i modus operandi con la contingencia i el futuro. Frente a esta significativa perspectiva tenemos de modo transparente la hoja de ruta del poeta Ramón Acuña. A través de esta constatamos los múltiples frentes en que ha actuado determinándose la consecuencia en él que revela su personalidad i militante político de pensamiento humanista cristiano al que en los años del terror en Chile le vimos participar activamente en la Comisión de Derechos Humanos de San Antonio, le hemos visto en el Coro del Puerto i en el Rotary Club, en la inspiración y gestiones previas del largamente acariciado sueño de las mujeres i hombres de la cultura cual fue el emplazamiento del Centro Cultural de la Comuna. En fin, le hemos visto i le vemos en iniciativas, acciones y organizaciones como en el Comando de Defensa de San Antonio i en la Comisión de Desarrollo de Llolleo, i en las columnas de la prensa local en las que inserta habitualmente artículos contingentes imposible de ignorar en los que se evidencian la lucidez y precisión con que enfoca los variados temas de interés público bregando por políticas de impulso al desarrollo territorial.

Hoy le acompañamos en su fase más relevante reunidos en torno a su reciente libro. A bordo de las páginas de “Poemas del Valle de Casablanca al Verdiazul de los Ríos”, con el apoyo de la Mesa de Literatura y auspicio del Departamento de Cultura de la Ilustre Municipalidad de San Antonio, desarrollamos la lectura de los versos en un viaje que nos arrobará ante la visión del paisaje preñado de nostalgia i sentires, anécdotas y sonrisas, miradas festivas i notas tiernas.

Roberto Bescos.

Casablanca, 10 de Junio de 2016.

José Miguel Ruiz

 

Presentación del libro

Poemas del valle de Casablanca al verdiazul de los ríos.

Ramón Acuña Carrasco es un hombre multifacético, comprometido en todas su facetas -desde político a clown y desde poeta a cantante- con la gente y la historia del Puerto de San Antonio. Este hombre extraordinario -ya veremos por qué- nació en Quilpué en 1930. Su niñez transcurrió entre Limache, Quillota, Santiago y Molina, hasta que en 1943, a los 13 años, arribó a San Antonio. Sus padres lo matricularon en el Liceo Nacional de Llolleo, si bien terminó las Humanidades en el Liceo de Hombres de San Antonio.

En 1973, después de haber trabajado más de 20 años en la Caja Nacional de Ahorros, luego convertida en Banco del Estado de Chile, hoy BancoEstado, lo trasladaron a Casablanca, ciudad en la que reafirmó definitivamente su compromiso con la poesía; en donde, según afirma convencido, se desplazaba el espíritu de Alejandro Galaz, quien dio impulso creador a su vena artística.

Sí, señores, la vena artística de Ramón le permite ser un poeta de trascendencia, un testigo del arte y de la belleza en general, un escritor de fina pluma y un crítico alerta y sensible, cualidades unidas al hombre porque sin hombre no hay arte. En este caso uno bueno, generoso y valiente. Sin ser panfletario, su poesía se tornó de acero durante la dictadura. Ahí está como muestra “Saetas, poemas del tiempo autoritario”, libro que da cuenta de sus vivencias durante los años 70 del siglo pasado en la Comisión de Derechos Humanos, producto de su formación humanista cristiana.

A propósito, quiero detenerme en este punto y, en unas apretadas frases, referirme al hombre político, tenaz y comprometido con la democracia; al militante del Partido Demócrata Cristiano desde 1963; cofundador del Grupo de los Siete , opositor “visible” a la dictadura; secretario fundador de la Alianza Democrática y de la Comisión de Derechos Humanos, filial San Antonio; coordinador provincial de la Cruzada por la Participación Ciudadana Mi voz, mi voto , en 1988; jefe de eventos de la campaña presidencial de Patricio Aylwin Azócar por la Concertación de Partidos por la Democracia, y secretario de la Comisión de Derechos Humanos en el 4° Congreso Nacional del Partido Demócrata Cristiano, presidida por su entrañable amigo y maestro Andrés Aylwin Azócar.

Es mucho más lo que podría decir de este multidisciplinario Ramón. Referirme, por ejemplo, al destacado tenor del Coro Polifónico de San Antonio, creado y dirigido por el admirado y recordado maestro Waldo Aránguiz. O al elegante y misterioso tony Escobita, quien –al igual que Dalí en Nueva York o Marcel Marceau en París- se paseaba por Centenario o se paraba en la esquina de la Caja de Ahorros -también en el Coro-, atrayendo las miradas de asombrados transeúntes. Personalmente, junto a un par de amigos adolescentes, más de alguna vez nos quedamos largos minutos observándolo. ¿Quién será?, nos preguntábamos. Jamás sospechamos que se trataba de un serio bancario, artista y poeta, a quien, por cierto, terminé por conocer y admirar hasta hoy.

En la actualidad, y conectado con otros poetas y escritores a través de la Mesa de Literatura y de otras latitudes, su amplia obra abarca poemas, ensayos y crónicas conocidas y admiradas por centenares de sanantoninos, lectores que, estoy seguro, mañana se multiplicarán en todo el país y en el extranjero. Sí, el reconocimiento tarda en llegar. A veces un par de siglos. Y aquí en Chile somos campeones: aunque suene repetido, casi un cliché, a Gabriela Mistral tuvieron que darle el Premio Nobel para que, achunchadas, las autoridades de la época le otorgaran el Premio Nacional.

Pero, vayamos al grano. Hoy estamos aquí para asistir a la exaltación del hijo literario-poético de Ramón Acuña, Poemas del valle de Casablanca al verdiazul de los ríos , y a él me referiré.

A mi modo de ver el poeta se divide en dos grandes y diferenciados estadios: el hombre y el artista. El hombre es aquel que vemos pasar, comprar en un supermercado, enojarse por el alza de los precios y los malos sueldos o reírse de los peces de colores porque le sobra el dinero; sentimientos netamente humanos. Y el poeta, como el pintor, el músico o el escritor, es ese ser solitario que está como ausente. Si le hablas, capaz que no te conteste. Anda en otras dimensiones: tal vez integrando el coro de las nueve Musas convertido en un pequeño Dios, como dice Huidobro de los poetas.

Pero he aquí que hombre y poeta son hermanos, y en algún momento mágico se mezclan y el resultado es la “obra poética”. Es así como veo a Ramón. Es así como calaron en mí sus Poemas del valle de Casablanca al verdiazul de los ríos. Ramón, el padre convertido en Ángel de la Guarda musitando ante Raulito: “Mi niño duerme cansado / un sueño de madreselvas / ¿Cuál será su destino? / ¿Qué le prepara la vida? / En el crucero del tiempo su norte no se divisa”.

Sí, Ramón es un trabajador de sol a sol, vecino preocupado por lo del ácido sulfúrico, por los silos que dan a calle Angamos, por el ideal crecimiento de San Antonio, por la independencia de Llolleo, pero el poeta es irrefrenable: El sol dejó en sus mejillas (le dice a Raulito) / arreboles de sal y arena / y en su barbilla partida / osadía marinera” /. Luego concluye: “Mi niño navega mares / en una barca ligera”.

¡Qué valientes son los poetas! Y videntes, como pedía Ortega. Así veo al Ramón que ve al Otro en Encuentro : “En viejo mesón de roble / extendiste tus caudales / grandezas de cepa noble / tierra, fortuna, heredades / amoríos, fantasías / y aventureros andares…” Y, en Vox Populi no sólo eso: “El cura hundirá en el tiempo / sermones y Avemarías”, allí donde se confunden fariseos y curas disfrazados de beatos”.

…Ramón es poeta a su pesar. Del vino dice: “Yo te prefiero moreno / como trenza de azabache, / aunque nunca te desprecio / en madurez de trigales. / De sorbos la vida tiene / en tu color manantiales. / Racimo de terciopelo / canto y gloria del sarmiento, / recordando aquel encuentro, / entre dulce y algo seco, / aquí, en mi pecho te siento / floreciéndome en un verso.”

Yo al vino lo que más le he dicho es: “¡Eres mi hermano; no te acabes nunca!” Sólo los grandes poetas pueden decir: “De santidades traías generaciones enteras.” Lo que nos hace buscar, indagar en la imagen, en la metáfora, en la alegoría, en la elegancia, en lo poético.

De Rokha, Neruda y Juan Ruiz han descrito el vino en versos de alto vuelo e inolvidables. Pero, ojo con Ramón : “A mí no me vengas triste / que estar alegre es mi anhelo. / Yo he de pintar en las vides / verdores de campo nuevo / y he de beber en la brisa / el perfume de tu tiempo.” Pura vendimia de la vida. Pura poesía. Con razón el poeta Federico Lenguatiesa, conocido también como Roberto Bescos, dice: “Ramón Acuña Carrasco insinúa con fino estilete la poesía de su trabajada inspiración”. ¡Y cómo no! Una cosa es al pan, pan, y al vino, vino: y otra muy diferente saborear la chicha de Noé y hacer salud en la Última Cena sin ser invitado.

Sí. Ramón, junto con ser él, es un inevitable poeta a lo Tagore, a lo Violeta, a lo García Lorca, a lo Neruda, a lo Mistral. No dispara con balas, pero sí con versos de esos que nos hacen pensar y que nos dan fuerzas para seguir luchando por la verdad: “El cura es un hombre bueno / como trigo de molienda. / Un día llegó en espiga / y se ha gastado en la ofrenda / con testimonio de espinas / y generosa pobreza”. Y esto, Vox populi; hasta el momento no hay quien lo desmienta, a pesar que “inquisidores de negro oscurecieron sus días / rasguñando entre sus yerros / algo que el pueblo sabía. / ¿Se está salvando la fe con el cura en agonía?”

Tremenda interrogante. Usted dirá, cuando termine de leer Poemas del valle de Casablanca al verdiazul de los ríos . Por el momento yo sólo puedo decir que este libro de poemas, certificado por el coro completo de las Nueve Musas, no es dueño de la verdad, pero ¡vaya que la despierta!: “Nada será igual de aquí a mañana. / Ni el sol / ni el cielo / ni los pájaros que barren arreboles de grana. / Ni aquella ola que se alza en su máxima brazada / y que luego se derrama / en espuma allá en la playa”.

Este poemario de Ramón es universal. Los potenciales lectores de Poemas del valle de Casablanca al verdiazul de los ríos verán que en este libro no están ausentes la observación amplia ni el humor. Así, como es la vida. O como debería ser: “Viniendo de mi caleta / con mil recuerdos al anca / en entrando a Casablanca / vide un huaso en bicicleta”. O “Al irme por tierra adentro / por cerros donde anda león / los sapos me dieron cuento / de que tienen un cantor”.

También podrán reconocer en Ramón Acuña a un hombre que no conoce el egoísmo; siempre lo veremos alentar a los jóvenes, a sus pares y a quienes dejaron huella. Para recordar al juvenil casablanquino Alejandro Galaz, se refiere así a él en el Romance de la encina ; “…Alejandro Galaz sonriente / vigila las cuatro esquinas / para que nadie se entere / del romance de la encina. / En su cuaderno de versos / escribe con letra fina /: ¡Ay, Señor, cómo se aman / el magnolio con la encina”.

De pronto, en uno solo de sus poemas podemos ver todo un mundo de humor, de nostalgia por la belleza que vamos dejando atrás en el torbellino de cambios que es la vida, de drama y de esperanza. Es el caso de Carta a mi maestro, poema en el que termina diciendo: “Lo llaman, Maestro. / Lo echaré de menos. / Adiós. / Es la despedida. / El tren de la vida asoma a lo lejos. / ¡Chóquela, Maestro! Poco antes había dicho: “Estrechar su mano será un duro momento”.

Para terminar este apretado comentario a modo de presentación de Poemas del valle de Casablanca al verdiazul de los ríos, no quisiera pasar por alto una de las características en el amasijo del hombre-poeta que, a mi modesto juicio, es la que sostiene a las demás: su pensamiento humanista cristiano, que no sólo lo captaremos en este libro, sino también vertido en la prensa del Puerto de San Antonio a través de sus artículos y en cada lugar e instante de su sencilla, pero prolífica vida.

Sólo quiero agregar que me siento orgulloso al haber tenido el privilegio de compartir tan de cerca el nacimiento de este libro que, por lo demás, comenzó a gestarse hace varias décadas.

Muchas gracias.

GABRIEL ENOS AGUIRRE.

San Antonio, junio de 2016.

 

De: José M. Ruiz M. [mailto:jmiguelruym@hotmail.com]
Enviado el: lunes, 20 de junio de 2016 04:07 p. m.
Para: acuna.propiedades@tie.cl
Asunto: Un antiguo texto sobre el poeta Molina

Querido Ramón:

He estado revisando viejos archivos y papeles, tratando de poner poco de hoy en lo que quedando atrás en el tiempo. He encontrado tantas cosas, tantos escritos que la memoria no retenía. Uno de ellos es el artículo sobre el Poeta Molina que te adjunto. Se trata de un escrito de alrededor de 1986, año de la muerte del poeta Molina, o de comienzos de 1987. No tengo la fecha exacta.

Todo lo que se escribe allí, lo conoces, porque creo que he dicho todo lo que sé sobre este poeta, y no puedo inventar ni reinventar su vida. Solo recordarlo. Recordarlo con fidelidad a lo que conocí de su vida.

Te lo envío, por si alguna vez lo consideraras digno de tu revista. Aunque antiguo, he introducido algunos leves retoques al texto, propias de la transcripción desde el papel al computador, que no alteran la esencia de este. 

Molina fue un poeta que respiró nuestro aire ribereño, que conoció el puerto de San Antonio, la Plaza de Llo-Lleo, el antiguo Lo Gallardo cuando aún no se poblaba el cerro y se podía ir entre "familiares", tranquilamente, leyendo un libro caminando, o llevándolo para detenerse en algún lugar, como el restorán de doña María González y su esposo don Tristán, o el de la Margarita Marambio, donde solía pasar  a veces el poeta.

Tiempos aquellos, en que la poesía estaba tan presente, tan a la vista, tan a flor de piel, tan a flor de flor, en fin, tan en la vida cotidiana. Aunque tal vez nunca se ha ido y haya que transitar por la calle larga con los ojos del niño o del adolescente que fuimos, y hallar otra vez aquello que nos llama: la belleza suma, acechando, escondiéndose, apareciendo, desapareciendo, llamando desde todas partes.

Un fraterno abrazo, querido poeta y amigo,

José Miguel

 

El poeta Molina, Eduardo Molina Ventura

 

Descripción: C:\Users\Jose Miguel Ruiz\Desktop\Molina 1.png

 

Conocí a Eduardo Molina hace doce o más años. Lo admiré durante todo ese tiempo. Era un maestro natural. No se proponía serlo de nadie y lo era de muchos. Pienso que solo se proponía vivir, vivirlo todo poéticamente. Y creo que casi lo logró. O quién sabe si completamente. Hasta su propio fin ha tenido mucho de poético: murió en un pueblo, Lo Gallardo, entre un cerro y la ribera del Maipo, ubicado a una centena de kilómetros de Santiago, y recibió allí el homenaje que merece un poeta: mujeres, hombres del vecindario, decenas o cientos de lugareños iban a despedir su cuerpo con camelias y rosas rojas; respetuosamente despedían a su poeta con flores y rezos.

Un día se sentó junto a un río, el Maipo, en el jardín de la casa de la Momo, su amiga entrañable, en el mencionado Lo Gallardo, y quiso escribir un poema. A la página en blanco no llegaba ninguna idea, ninguna imagen, solo existía una sensación, solo había algo latente, inefable. De pronto una chinita cruzó la página, y Eduardo, el Poeta Molina, escribió: “Una chinita ha cruzado mi página en blanco” , cerró su cuaderno y se fue. El juego se había consumado. El poema estaba completo, en su espléndida síntesis de economía de lenguaje y lo trascendente, lo que hace que “el alma quede temblando”, recordando a su admirado Vicente Huidobro.

Mundano cuando había que serlo, eximio conversador, con un sentido del humor que costará encontrar nuevamente. Ya se dio. Y deja la sensación de aquello que sucede una sola vez. El poeta Molina transformó la realidad cuanto quiso y esta parecía arcilla en sus manos o en su imaginación.

Estuvo en París y lo amó. Estuvo en París (creo que su espíritu nunca volvió de allí), en Caleu, Til-Til, Lo Gallardo, su otra patria. Y amó todos esos lugares. Los transformó y los hizo siempre a su medida. Nació en Santiago, estuvo en Santiago, lo conoció intramuros y extramuros, el conventillo y la mansión ??la ciudad con sus luces y sombras; él, con sus claroscuros??, lo vivió y lo amó.

Fue también un solitario. Demasiado inteligente ( “La bétisse n'est pas mon fort”, el verso de Paul Valéry en “Monsieur Teste”, su libro de cabecera, ese era su lema) sabía que las “águilas van solas…”. Y en la soledad sabía no estar solo. Modelaba a su antojo la realidad. Sabía de los juegos profundos de los solitarios.

Escéptico, soberbio, librepensador, arrogante en parte de su vida. Desafiaba a la vida ya la muerte con la misma arrogancia, quizás hasta con una cuota de cinismo. Creyente, delicada fusión de razón y fe, hombre de espíritu que comprendía cabalmente el Sermón de la Montaña y la verdad y belleza del Evangelio, pero que también llegó a concluir que “No hay nada, no hay nada más que esto” , y se asomaba al negro abismo de la desaparición absoluta. Desafiaba a ese abismo oscuro; tal vez al fondo de aquel, intuía la claridad.

 

Amador de la verdad, aunque transformaba a diario la realidad, y la contaba distinta de su externalidad, en lo profundo, allí donde no hay margen de error, donde no hay lugar para el engaño, allí intuía lo verdadero, lo inmutable: sabía que un día sería polvo, aunque “polvo serán, mas polvo enamorado”. Había que vivir intensamente el tiempo breve. Carpe diem. Aunque la eternidad era el paso siguiente, la estación vecina, la nueva tierra que habría que poblar, de humanidad, belleza y poesía. No estaba llamado a ser santo, la santidad le incomodaba en él, pero le venía bien la eternidad dionisiaca. Nada de serafines, sino una fiesta interminable, una biblioteca infinita (con muchos libros en francés) y un grupo de amigos de selecto espíritu e inteligencia para conversar sin término, o hasta el amanecer cuando haya que irse a descansar.

(Texto de alrededor de fines 1986 o comienzos de 1987, encontrado revisando viejos papeles)

J.M.R.

 

De: José M. Ruiz M. [mailto:jmiguelruym@hotmail.com]
Enviado el: domingo, 29 de mayo de 2016 07:56 p. m.
Para: Ramón Acuña Carrasco
Asunto: Re: Revista Literaria La Poza Azul.

Querido Ramón, ya te responderé con más calma, pero no quiero dejar pasar este momento para acusar recibo del artículo publicado en El Líder que me has enviado. Gracias por la mención a la "calle larga" de Lo Gallardo asociada a este tu servidor. Es inestimable tu labor de rescate patrimonial del terruño de origen y el de elección. De fijación de este terruño en la literatura. Pura generosidad y sentido de pertenencia y trascendencia. Al pulsar esa cuerda, entiendes perfectamente la lucha de la gente de Lo Gallardo por esa invasión de su cerro ancestral. Claro, todos en el pueblo se han conocido desde siempre, comparten desde antiguo una cultura, una suerte de microclima  cultural y familiar, y de pronto todo cambia. Se rompe ese clima, se afea el bello cerro común y se entra en espacios de recelos, de desconfianzas profundas. Mal hizo quien permitió eso por asuntos de negocios, con una absoluta falta de visión, de consideración y de respeto a un pueblo que tiene su tradición bien clara. Habrá que ver la legalidad de todo eso.

Un fraternal abrazo, y recibe mi contento por La poza azul y el que viene por las obras que anuncias...

José Miguel

Enviado desde mi iPh

 


El 29-05-2016, a las 13:19, Ramón Acuña Carrasco < acuna.propiedades@tie.cl > escribió:

Maestro: Va artículo publicado por El Líder el mismísimo Viernes 27, día del lanzamiento.

Cordialmente,

Ramón, Corresponsal.

 

De: José M. Ruiz M. [mailto:jmiguelruym@hotmail.com]
Enviado el: jueves, 19 de mayo de 2016 09:25 a. m.
Para: Ramón Acuña Carrasco

Asunto: RE: Fraterno Ramón

Querido y fraterno Ramón, poeta:

Ya te escribo con más calma, por ahora decirte que no podré asistir al lanzamiento de tu libro, como verdaderamente lo hubiera querido. Son razones laborales las que me impiden acompañarte ese viernes 27 de mayo, pero, sin embargo, de otra manera estaré presente, o querré estarlo. Recordaré desde aquí, en esos momentos, la maravilla que es que nazca otro libro con su historia que trasciende en mucho esos instantes del lanzamiento. Allí solo comienza a manar la fuente, el agua que no sabemos exactamente dónde llegará. Un libro es un mensaje permanente, paciente y definitivo. Una alegría grande por ese nuevo libro tuyo.

Un abrazo fraternal,

José Miguel

 

De: José M. Ruiz M.
Enviado el: martes, 9 de junio de 2015 05:58 p. m.
Para: Ramón Acuña
Asunto: Gracias y recado sobre tus poemas

Querido Ramón, fraterno poeta:

Primero, agradecerte el que me acompañaras en el lanzamiento de mi libro "De brujos demonios y otras hierbas...".

Y quiero decirte también que he terminado de leer los "Poemas del valle de Casablanca al verdiazul de los ríos". Gracias por ellos. Son de una pureza, una transparencia que conmueven. Podría decir que Óscar Castro, García Lorca están presentes en los romances escritos, pero no sería justo pensar que eres el referente de una comparación. Tienes encarnado el gusto por el lenguaje, el ritmo de una poesía que se siente tan clara como arroyo en la mañana o en la tarde, reflejando el sol naciente o el que se despide. Esos destellos aparecen potentes, prístinos, en tus textos. Podría decir que esos poemas en prosa "Campanil", "El tortillero" tienen reminiscencias de Juan Ramón Jiménez (autor cuyo libro quiero mucho, "Platero y yo", belleza y ternura), de Valle Inclán, de los clásicos españoles, aquellos que sentían una especial predilección por el lenguaje, por la imagen clara, transparente, por la pintura en la página a través de las palabras. Pero es mejor decir, para que el decir sea más justo: Ramón Acuña solo se parece Ramón Acuña. Es una voz propia, acrisolada, de verdad.

Tu poesía es un regalo como escondido en el jardín de un rincón oculto de la costa. Es de una gran belleza, hallazgo de imágenes y serenidad: "¡Dedalitos de oro/ flores del sendero!". Un bello regalo de claridad, sensibilidad, y búsqueda de la belleza de la imagen a través de la palabra, encontrada, precisa.

Un abrazo fraterno,

José Miguel

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.Nació un nuevo Libro

Lanzamiento de libro de profesor del Colegio San Agustín

     

El día sábado 30 de mayo, a las 19:00 hrs., se realizó el lanzamiento del libro “De brujos, demonios y otras hierbas. Leyendas y relatos de Lo Gallardo” del profesor del colegio San Agustín de Santiago, José Miguel Ruiz, en el Centro Cultural de San Antonio, de donde él es originario. En una significativa ceremonia se llevó a cabo esta presentación por el Prof. Charles Abello, y contó con la presencia de escritores de la zona, del Rector del Colegio San Agustín de Santiago, Luis Romero Martínez, de María Eugenia Lorenzini, directora de la Editorial Forja, de la poeta Natasha ValdésBrantes, de personas de los círculos literarios del puerto, y de conocidos y amigos del autor. Acompañó -contribuyendo a crear un ambiente cálido y poético-,
el joven músico en guitarra clásica Sebastián Mesina. Anteriormente este libro había sido presentado en el Espacio Literario de la Municipalidad de Ñuñoa
con la participación del poeta y crítico literario Jaime Quezada.

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Con los escritores de San Antonio: Roberto Santibáñez y Ramón Acuña Carrasco.

 

 

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Nació un nuevo Libro

Correspondencia con José Miguel Ruiz

JOSÉ Miguel, Hermano Poeta:

No te extrañe esta nota que va rio arriba de la ausencia que no es tal porque estamos cuando nos leemos y es lo que me pasa cuando con un buhonero invisible como el viejo Walt, nos cruzamos en la calle larga de Lo Gallardo. “Que sea pues como si estuviese a tu lado. (No creas demasiado que no estoy ahora junto a ti ) * Esto último dice Jonás en su Diccionario Cabal. Jonás, que se fue a la eternidad tras esa ballena mitológica..

Después de muchos aprontes y postergaciones y con la valiosa ayuda de Beno Navarro, un gran amigo de siempre, pintor, editor, poeta y soñador, como corresponde, estoy a la cuadra de la edición de “Entresismos”, una recopilación de artículos publicados entre Marzo de 1985, con el movimiento telúrico del día 3, y el terremoto político de Diciembre de 1989 y el advenimiento de la democracia en Marzo de 1990. Algo de historia de lo ocurrido por acá en los últimos cinco años de la dictadura que a algunos pareciera tan lejana y que se puede adivinar atisbando los desencuentros del tiempo presente. Más aún cuando hay victimarios que gozan de buena salud y con seguros de impunidad.

José Miguel, el fin de año pesa en la mochila de los educadores que conozco, de ahí que haya pensado detenidamente en lo que te voy a solicitar. Mucho me honraría que fueras tú quien prologue este recopilación que pienso tenerla terminada para su lanzamiento en Marzo de 2012.

Si hubiera por ahí un proyecto de vacaciones, un viaje impostergable, una muy absorbente actividad veraniega o cualquier impedimento, quedaría esperanzado para otro pie de cueca en barbecho literario.

Fraternalmente,

Ramón Acuña Carrasco.

RESPUESTA: martes 13-12-2011 10:08
Estimado Ramón, hermano poeta:
Abro este correo pocas veces -lo uso más bien para conservar archivos- y me encuentro con tu mensaje. Una alegría grande. Lo respondo de inmediato: A mucha honra será prologar tu libro, el que podré leer detenidamente durante enero, o cuando, ya pasado este mes de diciembre, me lo hagas llegar. Con la mayor acogida recibiré "Entresismos" y escribiré el prólogo. Por otra parte, había pensado escribirte para pedir tu dirección postal, con el fin de hacerte llegar un libro mío de poemas, publicado hace poco por Editorial Forja ( www.editorialforja.cl ) , "Escasas pertenencias". Son alrededor de cincuenta poemas que se fueron acumulando en el tiempo de la década pasada. Llevan un bello prólogo de Jaime Quezada. Te pido, entonces, que me hagas llegar tu dirección postal para enviarte mis "Escasas pertenencias" (título que tiene algo que ver con mi vida, o con una suerte de velada "ars póetica", pero un día lo "encontré" entre otros y me dije "este es". No se trata de pobreza, sino de lo que llevamos, queremos llevar y llevaremos como esencial, como Machado al final del viaje, "a bordo, ligero de equipaje, como los hijos de la mar", en fin, habrá sido un proceso como el tuyo hasta hallar "Entresismos", título que ya me ha gustado para tu recopilación de artículos). Te pido, por favor, que me escribas al correo que estoy revisando casi siempre: jmiguelruym@hotmail.com . No obstante, si me envías algún mensaje al gmail por el cual nos estamos ahora comunicando, será igual, solo que lo reviso con menor frecuencia (como te dije, es un antiguo correo destinado ahora a la conservación de archivos más bien).
Cualquier cosa me la comunicas, estará atento.
Recibe un fraternal saludo y el abrazo de
J. Miguel

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domingo 18-12-2011 0:57

Estimadísimo Ramón:

Ya tengo en mi poder "Entresismos" y me dispongo a darle una lectura atenta y fraternal una vez que terminen los asuntos de colegio, para dedicarle al libro un tiempo de tranquilidad y vasto.

De momento, sé de su valor. Escrito por un hombre que observa poéticamente, agudamente, críticamente la realidad de San Antonio y, por cierto, la de más allá, la de cualquier lugar del mundo. Suelo leer tus artículos publicados en "El Líder", crónicas de nuestros días que van consignando la historia del querido puerto. Pincelada tras pincelada, línea tras línea, van componiendo un potente cuadro que, aunque se tarde, mucho hay que agradecer, agradecerte.

Bien sé que es una labor que no se improvisa, que se madura en el tiempo, que se construye en el tiempo-extenso, con una "ardiente paciencia", con un infinito amor y una tan profunda y genuina vocación. Es lo que pienso cuando recuerdo lo que conozco de tu obra.

Por otra parte, me he dado "algunas vueltas" por la revista "El Litoral de la Cultura", la que no conocía, ¡ignorancia la mía!, y es el mismo espíritu de las crónicas el que hay en ella. Gracias, entonces, también por mantener viva esa llama que corresponde que esté tan, cómo decirlo, esplendente, "tan llamarada". No se me escapa tampoco la conmovedora y ejemplar generosidad de la decisión de incorporar en ella a muchos autores, a tantos cultores de las diversas manifestaciones artísticas y culturales de la zona, estableciendo el contacto o la relación con lo universal, con "lo de todos", sin barreras ni fronteras.

Bien, una alegría inmensa, simplemente, al asomarse a las páginas de esa revista.

Esta mañana puse en el correo, hacia tu hogar y tus manos, mis "Escasas pertenencias", un pequeño aporte a la tarea común, la de nosotros que no sabemos vivir sin el recuerdo del mar, o de la ribera, aunque estemos un poco lejos, o con mayor razón si estamos lejos.

Un fraterno saludo y, por cierto, a Elby,

José Miguel

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lunes 30-01-2012 12:45

Estimado Ramón:

Un fraternal saludo. Prontamente comenzaré la lectura de "Entresismos", para escribir el prólogo. ¿Confirmamos este? Si me dices que sí, manos a la obra. Si los has pensado bien y hay otro autor para ese prólogo, simplemente me lo dices. De todas maneras es mi próxima lectura.

Me hubiera gustado, sí, tener el texto impreso, pero si no está, en la pantalla lo leo perfectamente (aunque sigo siendo un lector que necesita de la página que uno va palpando, hojeando, dando vueltas, ese formato libro acostumbrado que ha echado raíces). No hay problema mayor.

Ya estaremos en conversaciones al respecto.

Por otra parte, estimado Ramón, comparto contigo este caso. Yo tengo varios hermanos, entre ellos, Fernando, él es pintor y, aunque viene de muy cerca la recomendación -y, en rigor, quizás no correspondería-, lo considero un pintor extraordinario. Ha pintado toda su vida, o desde muy joven, después de estudiar en un Instituto de la Plaza Mulato Gil de Castro, hace ya muchos años. Y ser también una suerte de discípulo de Roberto Humeres. Es un realista, o hiperrealista, que pinta lo que ve de manera muy certera, y hay muchos de sus cuadros (los que durante años pintó colocando cualquier nombre como seudónimo; tomaba la guía de teléfonos y colocaba cualquier nombre) de partes muy importantes: Tribunales, sectores del Barrio Alto de Santiago, en casas cuyos compradores adquirían estos cuadros en galerías, remates, etc. Incluso en el Colegio San Agustín de Santiago, hay una inmensa copia en óleo de la Última Cena de Salvador Dalí, realizada por Fernando, y protegida con gruesos vidrios para evitar que alguien la dañe. En la casa de Fernando Balmaceda en Santiago hay un inmenso mural que retrata la casa de Lo Gallardo de Doña Momo Inés del Río de Balmaceda, madre de Fernando. Nostalgias de don Fernando Balmaceda.

Es "maestro" en pintar flores, bodegones y, principalmente, marinas (le conozco unas muy hermosas). Sus retratos en óleo son muy buenos. Y dispersos por muchas partes, a lo largo de los años, muchos de ellos anónimos, o con seudónimos inubicables.

El problema de este pintor, que para mí sigue siendo el hermano menor, siendo ya un hombre cincuentón, es que ha sido una suerte de "underground" atenuado, y ha ido y venido desde Santiago a Lo Gallardo. Separado de su primera mujer, Flavia Radrigán, con la cual tuvo dos hijos, nietos entonces de nuestro Premio Nacional de Teatro, Juan Radrigán, vive prácticamente entre Lo Gallardo y Santiago, y echa raíces ahora en Llolleo, en una galería de arte que hay frente a la Plaza misma.

Sé que ha estado pintando retratos de hombre ilustres ligados a la historia de San Antonio, Ramón Barros Luco, entiendo, y escenas de la zona (le conozco una Estación de Leyda muy buena, al antigua estación de trenes, y otras escenas referidas al puerto).

Tiene una pintura (en realidad le conozco dos sobre el mismo tema, y varios otros más sobre otros lugares) del puerto de San Antonio a comienzos del siglo XX, un óleo que me parece muy bueno, variación sobre una vieja fotografía en blanco y negro. Creo que es para una institución. ¿Quién puede interesarse por obras patrimoniales de esa especie, muy valiosas, que retratan la vida de San Antonio desde el lenguaje del arte pictórico? Así como tú retratas a San Antonio, a nuestra gente, con el lenguaje y la aguda observación, Fernando lo hace mediante la pintura y también con una aguda observación.

Es un asunto patrimonial que no debe quedar en nada. No me gustaría que esos cuadros quedaran en cualquier parte, u olvidados o cubiertos de polvo en el abandono más abosluto. Tengo la convicción absoluta de que son trabajos de una altísima calidad y de un gran valor histórico y patrimonial. ¿A quién podemos dirigirnos para que conozcan eso? Si alguna vez puedes, sería un estímulo que conocieras parte de, al menos, las pinturas y proyectos sobre San Antonio.

Como muestra, te adjunto una copia de una foto que tengo entre mis archivos.

Mis saludos fraternos, y me comunicaré contigo prontamente,

J. Miguel

P.D. Gracias por mensaje sobre enlace enviado anteriormente. Cosas de padre, Gonzalo es el segundo de mis hijos, en su último año de cine.

 

Puerto de San Antonio a comienzos del siglo XX, óleo de Fernando Ruiz (pintado a partir de una foto en blanco y negro).

C:\Users\miguel\AppData\Local\Temp\Rar$DI00.411\Imagen1240.jpg

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martes 07-02-2012 12:31

Estimado, fraterno Ramón:

He dado una primera lectura completa a “Entresismos” y me ha gustado mucho el libro, en su conjunto y algunas crónicas en particular, entre otras: Horizonte de callejón, Ausencia, Ese día especial, Emilia, El cirio en la penumbra, Regreso, Romería, El buen recuerdo, El eco, Monumentos, Hallazgo en la plaza, Plaza de Llolleo, Se vende, Gabriela, La perrera, Amasandera, Pekín: plaza de Tiananmen, La fascinación del fuego, Polución, y podría seguir citando, y dando razones de cada una de mis elecciones.

Ahora, con calma, intentaré un prólogo digno para una obra que, en primer lugar, me ha conmovido, y, en lo que viene, considero destinada a permanecer, como el testimonio de lo que ha sido San Antonio y algo, también, del mundo actual, entre los años que escribes (1985-1990).

Lamento no haberlas conocido en su totalidad antes. Estas crónicas resultan una obra compacta, aunque bien pudieras seguir añadiendo las que han seguido después. Un libro abierto.

Hay una mirada en el autor que abarca socialmente, agudamente, poéticamente, su entorno. Socialmente porque el interés por “lo social”, esto es, la gente, lo humano, la humanidad, lo político, está muy presente: los desposeídos, los que han debido enfrentar aquel terremoto de 1985, que destruyó a San Antonio, pero no solo ellos, sino toda la comunidad que debe organizarse para superar ese embate de la naturaleza; agudamente , porque todo nos habla de un sentido de la observación del acontecer del autor que permite tener este "colorido fresco”, esta pintura fiel de los años que vives y cuentas, con el garbo, la gentileza, del cronista y el artista que me recuerdan a escritores de la mejor prosa en castellano; poéticamente , porque, mi querido Ramón, usted de pronto pasa de la crónica, de la defensa del puerto, de la exhortación a superar, organizándose, las desventuras de un querido lugar sacudido por un terremoto o, también, a recuperar terreno frente a lo venido a menos por la desidia o descuido de quienes deben llevar a San Antonio a otros estadios de desarrollo, pasa de la defensa de la democracia y la protesta política en los tiempos de la recuperación de la vida democrática en el país, usted pasa de todo eso, a textos que verdaderos son poemas en prosa, escritos desde una delicada sensibilidad y compromiso social y estético con lo que lo inspira: Ausencia, El cirio en la penumbra, Emilia, Gabriela, La fascinación del fuego (cito de memoria).

Podría hacer un estudio de su obra y de su prosa, pero me remitiré a 1 o 2 páginas de un prólogo en que espero, al menos, insinuar las claves de su libro: los ejes del compromiso social y político (no en el sentido de partidista o propagandista, sino de ciudadano consciente de que debe actuar para ser no solo un espectador de su realidad), social por el compromiso con la gente y el puerto, sus espacios sagrados ; una capacidad para partir de un hecho o realidad cualquiera ( El Eco, por ejemplo) y transitar desde allí, desde una realidad aparentemente muy lejana, a problemas del mundo contemporáneo, relacionando todo aquello con el terruño que se defiende y exalta; la capacidad para poetizar, esto es, ver situaciones del mundo real, cotidianas, minimalistas y sacarlas de esa dimensión para llevarlas al plano estético ( La perrera , texto que no solo denuncia el maltrato o el destino final de los perros que llegan allí, sino una visión poética del perro Pata Lacha; u otros, como el de la Plaza de Llolleo, cuya descripción, sin duda, es claramente estética).

Libro también de homenajes, de dignificación de oficios, de presentación de nuestros seres y lugares con el amor de un escritor muy comprometido con estos: la maestra doña Guillermina, los textos sobre la madre y las madres, la amasandera; sobre temas candentes, ley de pesca, la polución que todos los sanantoninos conocemos o hemos conocido y los visitantes. En fin, en una buena prosa (no bastaría, por cierto, tratar los temas si estos no se comunican bien, en otras palabras, si no se escribe bien), se aborda el terruño y sus seres, y no solo el terruño, el entorno, sino que vamos más lejos, sin perder ese decidido dejo de intimidad, a Tiananmen; se aborda el Chile que lucha por recuperar la democracia, y se saluda la democracia recobrada , desde una perspectiva amplia (no partidista especialmente, aunque queda muy en claro la filiación política del autor, por las palabras dedicadas a don Patricio Alwyn), llamando siempre al reencuentro, a la reconciliación, a vivir los valores de una patria libre y justa para todos, un llamado al progreso que significa recuperarse, unir fuerzas antes una catástrofe, recomponer algunas situaciones; y se abordan, al mismo tiempo, pasajes cotidianos y seres nuestros y universales, “pintados” empáticamente, con una gran cercanía, amorosamente diríamos, estampas que dignifican al ser humano y sus oficios.

Valoro profundamente tu obra. Creo que San Antonio está en deuda con su cronista, una voz (o escritura) que sabe lo que hace (o escribe), y ayuda a reivindicar, dignificar y construir.

Y en otro punto, no sabía -me enteré por Emilia - que habías egresado del 4° B del Liceo Fiscal; yo egresé del 4° D. Y, también, añado que son bellísimas esas imágenes en que se recuerda la infancia, la familia y la época de estudiante.

Si hay algún dato que puedas enviarme: publicaciones, distinciones, lo agradeceré.

Un fraternal abrazo, mis saludos a Elbita,

José Miguel

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jueves 09-02-2012 21:10

Ramón, distinguido amigo:

He recibido tus currículos, tanto el político como el del actor y gestor cultural. ¡Qué manera de hacer cosas! Me servirán para complementar alguna información en el prólogo en que he estado en estos días.

Agradezco tus palabras respecto de lo que me había parecido el libro. Soy sincero con ello, pues en literatura –y en la vida– es lo que nos corresponde.

Al conocer la trayectoria de tu vida, y lo que contemplo a través de los artículos (hace poco leí otro tuyo sobre la amistad en El Líder , diario que veo todos los días por internet muy de mañana), vayan mis felicitaciones por todo lo realizado tanto en el ámbito literario-cultural, como en lo político, en aquellas luchas por la recuperación de la democracia en nuestro país, en un tiempo en que para hacerlo se necesitaba madura vocación, decisión y, sin duda, valentía.

Me gustó, también, lo que me cuentas de Roberto Bescós –siempre muy atento y gentil si se trata de saludar fraternalmente–, él un poeta que quiero y estimo mucho, sobre todo por la verdad y consecuencia que hay en su vida y su obra. Lo conozco desde los tiempos del liceo, en que lo veía ya sumido en esa especie de camino sin vuelta atrás. Sé poco de él actualmente, pero si hay un poeta que represente a lo más genuino de San Antonio, es él. Quizás no su tiempo, pero sí la historia tiene su sitio de privilegio para él. No conozco al pintor que vive en Cerro Alegre, pero ya me “alegro” también yo de su generosidad al guardar todo lo relacionado con el amigo para entregárselo después. Es una forma de decir de lo que hay en lo profundo. Habla de su alma.

En otro orden de cosas, un escritor muchas veces está solo, y solo de tarde en tarde, hay otro que da señales hacia él, porque siempre supo que estaba. Hace poco pasé por El Tabo, y saludé a Jonás al cruzar la calle que lleva su nombre. Jonás, quien fue alguna vez mi profesor de filosofía en el liceo y después un ser más bien lejano (no nos frecuentamos nunca), sin embargo es para mí el poeta que llena esa localidad costera y su nombre justamente está allí. Es el poeta que decidió un día dejar la ciudad e irse a vivir junto al mar, a hacer su vida con los pescadores, con las gentes de allí con toda determinación. Lo saludé respetuosamente, en silencio. Jonás no se irá de El Tabo ya nunca más; de él conservo varios libros y amo uno de ellos especialmente, “Oración del niño que crecía”, uno de mis primeros libros de poesía. No lo entendí entonces, en mis tiempos escolares, pero había algo en él que fue importantísimo para mí. Lo he seguido releyendo a la largo de los años. Es la historia diversa y misteriosa de los libros.

He leído tus crónicas con mucha cercanía, además de porque hablan de un lugar que quiero (el de mis orígenes, el de las primeras impresiones, el de los lares familiares: por un lado el rural de mi madre, Lo Gallardo; por otro, Canteras y el mar, de mi abuela paterna: nunca he vuelto a ver el mar con ojos más extasiados que como lo hacía desde aquel lugar cerca del faro, detrás de los ventanales de la casa de mi abuela; ver entrar y salir los barcos hacia y desde el puerto, esos enormes barcos en los que creí que trabajaría un día, y que me llevarían a países lejanos, a tierras extrañas de las que volvería colmado de experiencia y de historias, barcos y el océano que me siguen interpelando hoy con la misma fuerza de los tiempos infantiles), crónicas, estampas del lugar que quiero, digo, y porque el género crónica en sí mismo me interesa mucho. Incluso tengo un libro inédito, Memorial de un escribano , con las que he ido acumulando en el tiempo; y las crónicas de muchos sueños no cumplidos, entre ellos haberme embarcado en un barco pesquero para narrar lo que se vive allí, pero dejé pasar los días y los días...

En cambio, he escrito algunas para un comunidad más íntima. Como trabajo en un colegio de la Orden de San Agustín hace más de veinte años, he asistido a varios congresos de profesores agustinos fuera del país: Lima, Iquitos, Roma, y en relación con cada uno de ellos escribí la crónica de viaje, pequeños textos, para círculos más bien cerrados, pero que me permitían dar rienda suelta al deseo de colocar por escrito lo que íbamos viendo, lo que se iba conociendo. Más adelante buscaré algunos ejemplares, si hay por allí algunos, y te los enviaré como un pequeño encargo por compartir entre amantes y congéneres en esto de escribir. La realidad no es tal, o no es totalmente realidad plena mientras no queda por escrito: quizás en esto está el origen de las crónicas.

Bien, ya seguiremos hablando sobre esto.

De momento, creo que tengo completo el prólogo de Entresismos , ya escrito en su parte medular. Me he extendido hasta las cuatro páginas, pero abierto a que se pueda reducir, según lo que tengas contemplado en páginas. Te cito mucho, ilustrando lo que he dicho; y he citado fragmentos que me parecen muy representativos y ejemplares de lo que es la obra en su totalidad. No es que le cuente al lector lo que él tiene que descubrir, pero sí lo introduzco, le presento mi visión, con ejemplos, para que la coteje con la suya. Lo he hecho con mucho cariño. Lo tendré todavía unos días en mi poder, "en barbecho", en mi computador, para ir revisándolo con un poquito de distancia también, como cuando uno apuesta fuerte en la escritura, para que sea lo que queremos decir, lo que vislumbramos, para que haya certeza, como una forma de mostrar aspectos que nos gustaría que no quedaran ausentes en ninguna lectura. Por cierto, que cada lector hace su propia lectura, quién puede discutir eso, pero un presentador no deja de lado lo fundamental de su visión, sobre todo si hay un real compromiso en ella. Se entiende que no un compromiso formal, sino de compañeros de oficio ante lugares, seres y materias comunes y amadas.

Te lo enviaré pronto, para tu consideración.

Por otra parte, me ofrezco, con humildad, para revisar el texto que irá a la imprenta (una mirada más puede ayudar), en la plena gratuidad de la amistad y la fraternidad escritural, para que vaya sin ninguna falta (siempre se pasan). Esto te lo digo porque me dedico, entre lo que es la pedagogía, a editar libros. Soy editor, más que ocasionalmente, de la Editorial Forja (puedes ver en internet www.editorialforja.cl ), y me llegan muchos libros para revisarlos antes de ir a la imprenta.

Muy bien, Ramón, ya me comunico prontamente contigo, y mis saludos cariñosos a Elbita.

J. Miguel

 


 

IN MEMORIAM.(Ramón Acuña)

N A N C Y.

NOS ENCONTRAMOS EN LA FERIA MULTICOLOR DE LOS SÁBADO, MUY CERCA DE SU CASA.
QUERÍA ESTAR ALLÍ.
QUERÍA ESTAR INMERSA EN LA MULTITUD DE CUYAS BRONCAS SE HABÍA HECHO CARGO TANTAS
VECES EN ARTÍCULOS INCISIVOS, DICIENDO LO SUYO CON FUERZA Y SIN EUFEMISMOS,
DESENFADADAY PROVOCATIVA.
QUERÍA ESTAR ALLÍ.
QUE SU PRESENCIA FUERA UNA DECLARACIÓN SILENCIOSA QUE DIJERA
QUENO SE HABÍA RENDIDO ANTE EL DOLOR.
QUE SEGUÍA DE PIE,
ERGUIDA EN SU FRAGILIDAD.
FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE LA VÍINTERNARSE EN LA MAREA HUMANA.

LA CONOCÍ EN LA FRATERNIDAD DEL CANTO CORAL, AMISTOSA, ALEGRE Y DESORDENADA,
COMPARTIENDO LA TARIMA EN ENSAYOS Y CONCIERTOS INOLVIDABLES.
DESPUÉS DE AHÍ NOS REENCONTRAMOS EN LA LITERATURA CON SERIOS INTENTOS DE PUBLICAR,
LO QUENO SUELE SER COSA FÁCIL.
ESTAINESPERADA Y BREVE ENTREVISTA EN EL ÚLTIMO ANDÉN DE SU EXISTENCIA DEJÓ GRABADA
ENNUESTRO AFECTO LA PRODUCIDA IMAGEN CON LA QUE VIAJARÍA A LAS VERDES PRADERAS DE
LA ETERNIDAD.
LO QUE NO SE LLEVA LA MUERTE SON SUS ESCRITOS, EL CARIÑO, EL RECUERDO DE LOS SUYOS Y
DE SUS AMIGOS Y DE QUIENES CON ELLA COMPARTIERON SU AMOR POR LAS LETRAS, LAS ARTES Y
LA BELLEZA.
NANCY, UNA MUJER INOLVIDABLE.

Ramón Acuña.

Diciembre, 2014.

El bello desorden cronológico de los artículos que conforman el libro póstumo de la escritora Nancy Martínez, “Nancy, Inolvidable”, perfilan el carácter de una persona inquieta y locuaz que observó el diario vivir de su terruño con un prisma incisivo y exigente de corrección y leal cumplimiento de ordenanzas, reglamentos y leyes no escritas, disciplinas que hacen grandes a las comunidades conscientes de la necesidad del buen funcionamiento de sus estructuras y del cuidado del entorno, y la influencia de éste en el carácter de sus habitantes. El sueño de Nancy era la construcción de un mundo feliz donde la justicia diera lo suyo a cada cual y a cada quién, donde la amistad no te diera vuelta la espalda en las esquinas del estímulo, del consuelo y de la necesidad; un mundo donde el dolor no pasara de ser tan sólo una experiencia pasajera y lejana.

Defensora de causas multitudinarias perdió la suya, mas, no la inmortalidad de la palabra escrita, su palabra, que permanece, clara y directa. El 13 de Noviembre de 2013 decía: “Estuve un mes luchando contra el cáncer pancreático, la experiencia límite del dolor que tuve que soportar.”“Muchas veces pensé que era mi fecha de vencimiento.” “Para las terapias me quedaba en la casa de acogida de CONAC (Corporación Nacional del Cáncer), y volvía a la mía los fines de semana.” Allí “hombres y mujeres comparten esta casa donde todo el personal se esmera en que te sientas bien”, “La parte ingrata, muchas veces, era que las máquinas se echaban a perder retrasando todas las terapias.” Este lacerante ir y venir le hace decir: “Sería muy positivo si importan unas máquinas de radioterapia para cada ciudad importante evitando que todas estas personas con cáncer tengan que dejar casa y familia viajando lejos constantemente.”

El mensaje, a un año de su muerte, no puede ser más testimonial, generoso y solidario, cuando pide para otros lo que para su alivio no fue posible. El eco tiene aquí un rol protagónico que cumplir.

Nancy, inserta en el día a día del sentido común quería un mundo feliz o cercano a la felicidad y luchaba por él aguijoneando las deshumanizadas estructuras del tiempo presente, llamando a las mujeres a ocupar un lugar en la vanguardia de la exigencia de sus derechos; derramando semillas de ternura para sus hermanos animales.

Nancy fue testigo de su tiempo, el sagrado deber de escritores y poetas.

Falleció el 13 de Julio de 2014.